miércoles, 15 de noviembre de 2017

¿Me tomo o no me tomo el medicamento? ¿Puedo decidir yo?

Todos los que hemos tomado medicamentos en algún momento de nuestra vida nos hemos hecho esa misma pregunta. Las razones por las que se llega a esta cuestión son varias:


  • Padezco una enfermedad que en este momento,  que no me da ningún problema y me tengo que tomar un medicamento todos los días.
  • El hecho de tomar la medicación, no me hace sentir mejor
  • El medicamento que tengo que tomar me sienta mal.
  • He oído que el medicamento puede hacerme daño en un futuro.




Si ante una de estas cuatro suposiciones ha decidido no tomarse la medicación que le han  prescrito, estará ante un problema de adherencia al tratamiento, al que también se añaden todas las veces que se le olvida tomar los medicamentos. Situación que se repite de forma frecuente en los países desarrollados, donde  uno de cada dos pacientes no toma la medicación correctamente. De hecho, se considera uno de los principales problemas de salud, puesto que la adherencia terapéutica es la base para el éxito de los tratamientos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió la adherencia como “el grado en que un paciente sigue las recomendaciones que los profesionales sanitarios le han sugerido (hacer dieta, realizar ejercicio físico, tomar los medicamentos).

Por tanto, la mejora de la adherencia es un objetivo primordial de todo el sistema sanitario. En este sentido, la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH) celebra el 15 de Noviembre el "Día de la adherencia e información de medicamentos". Se trata de una jornada de sensibilización para los ciudadanos sobre la importancia del seguimiento de los tratamientos. Como cada año, participan hospitales de toda España, y cuenta con el respaldo del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Para abordar este problema, es clave la educación de los pacientes sobre los tratamientos. La información y conocimiento de sus medicamentos puede ayudar a los pacientes a entender qué están tomando y con qué finalidad. Por ejemplo en los casos anteriores:

1) En el primer supuesto podría ser un paciente en tratamiento con acenocumarol (Sintrom®). Ha de saber que aunque no tenga en ese momento problemas con su enfermedad, si deja de tomar el medicamento puede ser peligroso, ya que con el tiempo se pueden formar coágulos en la sangre.

2) En el segundo, podría ser un tratamiento hipolipemiante (para bajar el colesterol, principalmente). En este caso el paciente no nota mejoría cuando lo toma y los resultados analíticos  tardan en verse. Sin embargo, es imprescindible que se tome el medicamento todos los días para disminuir el riesgo de infartos o problemas cardiovasculares del futuro.

3) Hay medicamentos que los primeros días producen pequeños efectos molestos, pero con el tiempo se van tolerando mejor. Es importante saberlo para no abandonar el tratamiento antes de que estos efectos desaparezcan.

4) En el cuarto caso, es el ejemplo de los analgésicos, como la morfina, en que los pacientes no lo toman, por miedo a habituarse. En estos casos, son capaces de sufrir dolor innecesario por miedo a tomarlo.

Por tanto la toma de decisiones respecto a su tratamiento implica potenciales riesgos. En este sentido es muy importante la figura del paciente instruido, que tiene información adecuada sobre los medicamentos, y sabe qué hacer ante distintas situaciones.  Además está implicado en el tratamiento, se responsabiliza del mismo y conoce las consecuencias de no tomar la medicación. En definitiva, el paciente debe participar activamente en la gestión de su enfermedad y buscar asesoramiento en el personal sanitario.

Las medidas generales que los profesionales sanitarios pueden establecer son:

  • Simplificar los tratamientos, con el menor número de tomas diarias, consiguiendo que forme parte de la rutina diaria, respetando las preferencias del paciente.
  • Dar información de cómo tomar los medicamentos, cuál es el objetivo del tratamiento, qué hacer ante los olvidos,  los posibles efectos adversos que pueden aparecer y cómo actuar ante ellos.
  • Recomendar formas de no olvidar la administración del medicamento, ayudándo al paciente a programar la toma de medicamentos, mediante el uso de pastilleros o diferentes sistemas de recordatorios. Existen formas de aviso sencillas, como las  aplicaciones móviles (apps) de fácil  manejo: Recuerdamed y Expertsalud (ver página eDruida y apps para la adherencia ).
  • Ser accesible mediante consultas telefónicas o por vía telemática.
El farmacéutico es un profesional sanitario experto en medicamentos, que te puede ayudar a mejorar la adherencia.

¡Consúltanos, estamos cerca de ti!



miércoles, 27 de septiembre de 2017

¿Por qué me han cambiado de Truvada® a Descovy®?

Esta es una pregunta que muchos pacientes con VIH se harán en los próximos meses. La reciente comercialización del fármaco Descovy® (emtricitabina + tenofovir alafenamida) está empezando a sustituir los tratamientos con Truvada® (emtricitabina + tenofovir disoproxilo). Para saber el motivo hay que indagar un poco.




Tras la aparición de los primeros fármacos antirretrovirales, allá por la década de los noventa, el objetivo de la terapia contra el VIH se centraba únicamente en reducir la carga del virus en sangre y aumentar los niveles de linfocitos CD4+. Con el paso del tiempo, los avances en el tratamiento antirretroviral han conseguido convertir el VIH en una enfermedad crónica, que se logra controlar con los fármacos disponibles y una adherencia adecuada del paciente.

La evolución de la terapia antirretroviral ha permitido a los pacientes con VIH envejecer. Sin embargo, esta buena noticia ha generado otros problemas. Ya no vale solo con reducir el virus en sangre, ahora necesitamos tratamientos muy seguros que no presenten toxicidad a largo plazo y nos puedan provocar otros problemas.

En el año 2006 se autorizó en España el fármaco Truvada® para la infección por VIH. Se trataba de la combinación de dos principios activos: emtricitabina (inhibidor de la transcriptasa inversa análogo de nucleósido) y tenofovir disoproxil (inhibidor de la transcriptasa inversa análogo de nucleótido). Desde entonces ha sido uno de los antirretrovirales más utilizados por su eficacia, seguridad y comodidad, ya que permite pautas de un comprimido al día asociado a otros tratamientos. 

Se ha visto que en algunos pacientes que están en tratamiento durante años, tenofovir disoproxil provoca daño en los riñones y osteoporosis que termina obligando a cambiar de antirretroviral. Este daño se produce por las altas concentraciones de tenofovir disoproxil en la sangre.

En este contexto se acaba de desarrollar Descovy®, la combinación de emtricitabina más tenofovir alafenamida. Esta nueva formulación de tenofovir alafenamida hace que el fármaco entre más fácilmente en las células de nuestro organismo, donde ejerce su efecto. De esta manera se puede utilizar a dosis mucho menores que con el antiguo tenofovir disoproxil con el mismo efecto. Como se puede ver en la imagen, 300 mg de tenofovir disoproxil equivalen a solo 25 mg de tenofovir alafenamida. Y por lo tanto, al haber menos fármaco en sangre se produce menos daño en los riñones.



Este es un buen ejemplo de como una pequeña modificación química en la estructura más elemental de un fármaco pueden afectar a la eficacia o seguridad del medicamento. En este caso, los resultados de los ensayos clínicos han sido muy positivos, por lo que solo nos queda esperar que mejoren los resultados en salud de los pacientes en tratamiento con esta combinación. 

Sara Ruiz el Jerche
Vanesa Pérez Muro